5 de abril de 2017

Los primeros momentos

El inicio es una de las etapas más bonitas de una relación de pareja y hay que disfrutarlo, pero debemos saber que los sentimientos que tenemos en ese momento son de una intensidad anormal y que irán calmándose con el paso del tiempo de forma natural, sin que ello signifique el declive de la relación. De lo contrario, el nerviosismo inicial y el no poder pensar en otra cosa que en nuestra pareja terminarían por agotarnos física y mentalmente.

Cuando queremos conocer a otra persona empezamos por compartir nuestro tiempo, aficiones, risas, miradas y buenos momentos. Si todo fluye naturalmente, poco a poco iremos conociéndonos de un modo más profundo y será entonces cuando empecemos a descubrir cómo nos comportamos en las situaciones cotidianas, si nos enfadamos con facilidad o tenemos un carácter afable, si somos generosos, si nuestros objetivos en la vida coinciden, si compartimos valores, etc. Estos son los pilares fundamentales para que una relación funcione a largo plazo. La química y la atracción inicial serán el punto de partida, pero no serán suficientes si no van acompañadas de un trasfondo mucho más profundo y por supuesto del respeto, el amor y la dedicación a la otra persona.



9 de febrero de 2017

Te perdono

Por no haber tenido el valor de despedirte mirándome a los ojos, por haberme hecho sentir una parte importante de tu vida para abandonarme poco después sin mantener una conversación cara a cara conmigo. No puedo reprocharte nada acerca de tus sentimientos, es algo que no se puede controlar, pero la forma en la que decidiste poner fin a todo dice muy poco de ti. 

En cualquier caso, te perdono. No quiero albergar ningún sentimiento de rabia o rencor, has demostrado que no mereces ocupar espacio en mi corazón, ni siquiera para odiarte. Necesito toda mi energía para cuidar de mí misma y ofrecer lo mejor a quien sepa valorarme de verdad.

Te perdono porque solo así podré llegar a olvidarte.


16 de enero de 2017

Cuando no somos correspondidos

Siempre duele saber que nuestros sentimientos hacia otra persona no son correspondidos. Esto nos puede suceder en cualquier fase de una relación, tanto al poco tiempo de empezar a salir con alguien, como con la que es nuestra pareja desde hace ya algún tiempo. También nos puede pasar con alguien que nos gusta, pero con quien no mantenemos ninguna relación sentimental.

Cuando entregamos lo mejor de nosotros mismos porque así lo sentimos y después nos damos cuenta de que la otra parte no tiene la misma ilusión ni siente lo mismo que nosotros, podemos llegar a plantearnos si es debido a algo que hemos hecho mal, a algún rasgo de nuestra personalidad, a nuestro físico, a nuestra forma de pensar, etc. lo que ha llevado al otro a rechazarnos. En líneas generales, y sobre todo al principio, podemos llegar a creer que algo está mal en nosotros, en lugar de pensar que simplemente no somos lo que esa persona busca en ese momento y que no tiene nada que ver con nuestro valor como personas.

Somos perfectamente conscientes de que no todas las relaciones de pareja funcionan y sin embargo, cuando la nuestra falla no dejamos de preguntarnos por qué y de sentirnos unos desgraciados. Pues hay una razón muy simple: que el otro o la otra no quieren estar con nosotros, por el motivo que sea. Ese argumento debería ser más que suficiente para que nosotros tampoco queramos esa relación. 

Debemos aprender a respetar las decisiones de los demás y a no cuestionarlas. Si alguien no quiere permanecer a nuestro lado tendrá sus razones y si no quiere compartirlas con nosotros tampoco deberíamos perder el tiempo intentando entenderlas. Lo más inteligente es pasar página y ocuparnos de lo único que está en nuestra mano, que es cuidar de nosotros mismos para recuperarnos cuanto antes y tener una relación plena con alguien que se sienta afortunado por tenernos en su vida y nos corresponda con los mismos sentimientos.


2 de enero de 2017

Lecciones aprendidas

De la misma forma que es bueno fijarnos unos objetivos para el año que acaba de empezar, es muy positivo hacer balance de todo lo vivido en 2016:

- Logros que hayamos conseguido.
- Miedos que hayamos enfrentado e incluso superado.
- Vivencias que nos hayan permitido crecer un poco más.
- Personas que hayan llegado a nuestra vida y otras que se hayan marchado.
- Reencuentros que no creíamos que fueran a producirse nunca.
- Momentos tristes en los que hayamos llorado.
- Situaciones que nos hayan hecho reír y sentirnos felices.
- Saber que somos importantes para otros.
- Decepciones o desengaños.
- Arrepentirnos por habernos comportado mal o haber dicho algo inapropiado.
- Pedir perdón.
- Sentirnos perdonados.
- Agradecimiento por todo lo que tenemos.
- Haber ayudado a los que lo necesitaban.
- Enamorarnos.
- ...

Son muchas las cosas que pueden habernos pasado a lo largo de un año. Algunas habrán sido buenas y otras no tanto, pero tenemos que aprovecharlas todas para ser mejores personas en el futuro. Las lecciones aprendidas de cada año que dejamos atrás deberían ser una herramienta fundamental para los siguientes. Seremos un poco más viejos, pero también contaremos con una mayor experiencia en la vida y nos conoceremos mejor a nosotros mismos. Estamos cada vez más cerca de alcanzar lo que buscamos, es cuestión de seguir luchando por ello y de no castigarnos por los errores que  hayamos cometido, ya que son la mejor manera de aprender.

Feliz Año Nuevo para tod@s!



15 de noviembre de 2016

Conseguir nuestros objetivos

El primer paso para alcanzar nuestras metas es fijarnos objetivos realistas, alcanzables y medibles, que a la vez nos motiven a trabajar en esa dirección. Establecer un plan de acción nos ayudará a saber si estamos actuando de acuerdo a lo establecido y si no es así, determinar acciones correctivas que nos permitan volver a estar alineados con nuestro propósito. Los planes de acción deben revisarse periódicamente para asegurarnos que siguen teniendo sentido y que continúan siendo realistas. No hay que ver como algo negativo el hecho de replanificar, lo malo es mantener un planning que ha quedado desfasado y que no sirve para nada.

Para lograr cualquier fin es conveniente fijarnos hitos intermedios. De esta forma nos centraremos en la próxima meta y no en el objetivo final, que puede quedar muy lejano en el tiempo y resultar demasiado abstracto. Cada vez que alcancemos un hito sentiremos una mayor determinación para seguir luchando por el objetivo final, que poco a poco veremos más cercano y más definido. Atendiendo a este criterio, debemos analizar cómo descomponer cualquier situación personal o profesional que necesitemos resolver en partes más pequeñas que nos resultarán más sencillas de manejar. 

Otra de las partes fundamentales es establecer una estrategia que nos permita alcanzar esos hitos parciales y llegar así poco a poco al objetivo final. De nada nos servirá fijarnos metas si no definimos tácticas para conseguirlas. La estrategia debe ser realista y estar diseñada especialmente para nosotros. Por ejemplo, si decidimos participar en un maratón y no estamos habituados a correr, no podremos seguir el mismo entrenamiento que una persona que entrena habitualmente y está en mejor forma física.

Es importante también establecer prioridades y definir qué estamos dispuestos a sacrificar (y qué no) para lograr nuestro objetivo. Asimismo, hay que tener en cuenta el hecho de que somos seres humanos y que no siempre vamos a cumplir nuestro plan a rajatabla. Esta es otra de las razones por las que debemos revisar periódicamente nuestro planning inicial.

Por último, comunicar nuestros planes a los demás puede ayudarnos a mantenernos motivados, pero es preferible ser cautos y saber con quién compartirlos, para evitar generar demasiadas expectativas. Es preferible hacer partícipes solo a ciertas personas de confianza y hacerlo extensivo al resto cuando lo hayamos logrado.

Conseguir nuestros objetivos es muy gratificante, especialmente si hemos trabajado duro para alcanzarlos. Esto nos permite creer más en nosotros mismos y en nuestra capacidad para lograr todo aquello en lo que pongamos verdadero interés, constancia y dedicación.